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Diario de un loco

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Martes, 14 de febrero de 2006

Absurda cobardía

“Entonces la puerta se cerró de golpe y el silencio cubrió por fin la habitación, desolada y aún tiritando se derrumbo sobre sus rodillas cayendo en el frío suelo y sólo entonces pudo llorar. No supo cuanto tiempo pasó, sólo sabía que su llanto no tenía consuelo y el dolor no acababa, un dolor que no era sólo en su corazón, sino que también lo sentía en su cuerpo, palpitante, ardiendo. Aún recordaba cuando fue la primera vez que lo hizo hacía sólo algunos meses atrás y recordaba también las promesas de “nunca mas”, promesas que se iban repitiendo cada vez, en cada golpe, cada ocasión, cada golpe no sólo dañaba su carne, sino también su integridad, su persona y en definitiva su amor, amor que poco a poco se iba convirtiendo en miedo, en un miedo terrible, un trago amargo, un trago que se mezclaba con el odio y la vergüenza, un trago demasiado amargo para ella.

Cuando por fin se levantó se dio cuenta que todo estaba oscuro, no supo cuanto tiempo pasó, sólo sabía que ya el sol no estaba y eso significaba que pronto estaría de vuelta y el miedo volvió a cubrir su mente una vez más, como cada noche, como cada día en esos 5 meses de noviazgo, pero no podría soportar más, lo sabía, no soportaría un golpe mas. Se dirigió al baño aún temblando, con dificultad encendió la luz y se apoyó en el lavamanos, abrió la llave y vio fluir cristalina el agua, sobre el lavabo había un enorme espejo en el cual sólo veía una sombra de lo que era ella, su largo cabello rubio desgreñado y sus ojos oscurecidos por los golpes contrastaban con su pálida piel como tratando malamente de opacar su belleza natural. Sin embargo, todo en ella era una sombra, sólo un esbozo de tiempos mejores, de tiempos en que su llanto era sólo de alegría y la sonrisa se marcaba en su rostro en cada momento sutil, en cada vivencia cotidiana. El teléfono sonó rompiendo su pensamiento, no contestó, simplemente no quería saber de nadie, no era nadie, él lo había dicho tantas veces que se había grabado en su mente y lo peor, se había grabado también en su corazón. El teléfono volvió a sonar nuevamente quebrando el silencio de la sala y otra vez no hubo respuesta a su incansable llamado, sólo el sonido de la puerta al cerrarse.

Su silueta se deslizaba etérea por la ciudad, parecía que nadie notaba su presencia y su cuerpo se fundía en el interminable río de gente de la calle Anibal Pinto. Caminó sin rumbo por largas horas, sin saber a donde ir, lo único que sabía era que no volvería a su casa, eso era definitivo. Los recuerdos se arremolinaban en su mente una vez mas, no se detenían, aún recordaba aquella primera vez junto a él, aquel primer beso tibio y tierno, aún recordaba la primera noche que pasaron juntos, donde sólo durmieron, uno al lado del otro, fundidos en un abrazo eterno, aún recordaba esa primera mañana juntos donde su pelo enredado y sus ojeras evidentes lo hacían ver hermoso ante sus ojos. Nunca supo que lo había cambiado así, de seguro ella era la culpable de su actuar, era evidente que ella tenia la culpa de haberlo cambiado, no podía ser de otra forma, su amargura creció aún mas y se nublaron sus ojos por las lágrimas, ya sabía a donde iría, ya sabía como terminaría.

Caminó nuevamente, pero esta vez sabía donde iría. En todo el trayecto su caminar fue lento, casi fúnebre, el ruido de los autos y las bocinas de las micros le llegaban lejanas a pesar de pasar sólo a metros de ella, pronto todo acabaría de una vez. Se detuvo en medio del puente Llacolén, bajo ella pudo ver el oscuro color del río Bío-Bío corriendo soberbio en su incanzable camino al mar, le pareció hermoso, sin duda tal como lo llamaban los mapuches, era el padre de todos los ríos, ella merecía algo así. Cuando puso su pié sobre la primera barra entonces la angustia asedió su corazón, no quería hacerlo, pero no había otra salida, sólo la muerte lo separaría de él en forma definitiva, por último, su corta agonía sería mucho mas rápida y menos dolorosa que sus golpes. Vió pasar sus 21 años sobre sus ojos, recordó todos sus planes junto a él, los proyectos que había construido tallando sueños y vió también como se destruían con cada golpe, con cada palabra hiriente, escuchó la voz de su madre cantándole como en sus noches de niña, escucho la voz de su padre que ya no estaba, llamándola “mi princesita”, y escucho la voz de él degradante e hiriente. No supo como, pero su cuerpo ya estaba al otro lado, el viento peinaba su rostro y su pelo aún desgreñado, saltar, muerte, alivio…Una mano firme la tomó de su brazo, inmediatamente su cuerpo tembló de terror, su rostro se giró rápidamente y cubrió con su mano libre la cara para protegerse del golpe que de seguro vendría, nunca llegó…Alzó su rostro aún tiritando y vio la mirada triste y preocupada de Matías su amigo, rápidamente la alzó y la puso del otro lado de la baranda que la separaba de la muerte, entonces se derrumbó sobre su pecho y lloró, no sabía si era alegría o tristeza, sólo sabía que por primera vez en 5 meses se sentía protegida, Matías la abrazó fuerte y su corazón se conmovió al ver a su amiga. – ¿Qué estas haciendo pequeñita? No llores mas mi niña, estoy aquí contigo, yo te voy a cuidar. Lo miró a los ojos y por primera vez en mucho tiempo sintió honestidad en las palabras de un hombre, por primera vez en mucho tiempo pudo sentir paz.”

Ojalà que esto fuera sólo un cuento, ojalá que estas historias sólo estuvieran en la ficción de alguna trágica novela o de algún furtivo cuento de Blog, lamentablemente no lo es. Golpear una mujer, debe ser el acto mas cobarde que puede cometer un hombre en su vida y es aún mas duro el golpe, cuando viene de quien se ama. No hay cabida a la violencia cuando hay amor, es impensable que yo pueda causar daño a quien amo, es inadmisible. En el mundo muchas mujeres son agredidas por sus parejas, esposos o novios rompiendo el amor, rompiendo la integridad, destruyendo la personalidad de quien se supone se ama. No son sólo los golpes que atacan el cuerpo, es también cada palabra hiriente, cada palabra de desprecio de quien esperas que sólo salgan palabras de amor y apoyo, debe ser duro. El daño es latente y permanente, rompe confianzas, rompe la carne y destruyen también, lo que es quizás lo mas hermoso en una mujer, su alma.

Por: Haomaru | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Niño, no me impresionas, pero me llena de emocion conocer tu percepcion del mundo...Eres una buena persona y me alegro de conocerte al fin.
Terriblemente amargo-hermoso tu relato...Ya cuentas con mi admiracion.
Un beso.
Tu nueva amiga

Belen | 06-03-2006 01:04:30

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